-Entonces, ¿realmente prefieres la calma, a morir electrocutada, abrasada, por esto que nos corroe las venas?
Ella sintió un escalofrío, que le paseó por toda la médula espinal, erizando el vello a su paso. Cerró los ojos, notando la respiración de él tras de sí, muy cerca y a la vez muy lejos de su espalda. Tragó saliva y asintió una vez más, menos segura y más temblorosa. Asintió. Separando su alma del caos más profundo.
-¿Acaso alguien que se precie racional es capaz de preferir morir corroído por una pasión compartida con un alma similar a la bella certidumbre de sobrevivir un poco más disfrutando de la calma? Nada más satisfactorio que poder poner un poco de orden y no añadir delirio a esta contradicción que es la existencia. La desgracia de una persona racional es tener un brillo soñador al fondo de los ojos. No puedo dejar que avives la llama. No quiero que me arrases por dentro, quiero respirar.
'Claro que quiero que me arrases por dentro, a mí y a todo este universo.'
Una música de brisa tímida se paseaba entre ambos, se descolgaba del pelo de ella para ir a parar a las pestañas de él, desplazándose con dificultad, pues el aire, enrarecido, estaba cargado de súplicas, sueños y protestas, aderezado con la rabia que transportan los témpanos de hielo en su interior más bello y oculto, donde las moléculas más ordenadas están lejos del riesgo de desordenarse, de temblar hasta evaporarse y perderse en la nada. El aire se llevaba las palabras al lugar donde yacen los besos perdidos y las promesas cumplidas a medias; a ese irrisiorio paraíso perdido que nadie reclama, en el que a veces algún loco piensa y al que nadie le importa. Los restos de los recuerdos más ínfimos hacen de colchón para las lágrimas que llegan. El viento, que todo se lo lleva allí, a veces, si sopla enfurecido, no hace más que volver a esparcir todo lo sucio y desordenado por el amplio océano de estas nuestras miserias.
¿Quién, que se precie persona, no prefiere y preferirá morir a manos de una pasión que le haga arder en el infierno? No existe más deliciosa moneda para Caronte.
-Pues tú y tu racionalidad podéis iros a la mierda.
Cenizas, no polvo, es lo que somos. Cenizas de nuestros huesos, de partes del alma que prenden una y otra vez en un ciclo sin fin que dura hasta que el sentido se recobra sobre la línea de la muerte.
¿Acaso no es la autodestrucción una forma de creación del hombre? ¿Somos acaso algo si no somos capaces de destruirnos?
Déjame que me vaya con las palabras dando bandazos, porque es lo único que sé hacer.
- La mierda es un lugar bello para mis propósitos de ver cómo te vas alejando de aquí- 'HÚNDEME'.
-Puedo oír a tu alma gritar, pero supongo que no voy a hacerle caso. Calma, calma, divino regalo de la Providencia para entretenernos tejiendo nuestro orden vital y condenarlo acto seguido a asfixiarse en las arenas movedizas que nos soportan. Calma, calma para ti y, por suerte, soledad lobuna para todos.
-De todas formas, ¿sabes? No hay elección posible. Jamás. Sólo algo de suerte y muchos lazos entre el caos y el orden.