15 diciembre, 2013

Reflexión sentimental.

Si aceptamos la inevitable afirmación de que sólo podemos conocer lo que somos capaces de sentir (la cual  inherentemente nos lleva a la ausencia total de imaginación en el ser humano, aunque por caminos que hoy no interesan a mi percepción del ser), entonces, ¿qué queda dentro de un ser que podemos llamar aquí un lobo estepario para poder entendernos? ¿Puede acaso existir algo de empatía hacia los demás? Y, de manera totalmente independiente de dicha empatía, ¿puede acaso evitar herir a los demás si considera como irreal todo sentimiento ajeno a su ser? ¿No es esto una forma de sociopatía leve con capacidad destructiva? ¿Esto puede educarse con paciencia y aprendizaje que surja del sentimiento universal que aquí llamaremos amor para poder entendernos? ¿Existe alguien capaz de dedicarse a la tal tarea sin resultar herido o mutilado en su alma? 
Bueno, yo, personalmente y de manera preventiva, apostaría por el no. Luego, incluso, seremos capaces de sentir y todo, pero en frío siempre tiendo hacia todo lo frío del ser. Como esta noche, como mis manos y como el hielo de las miradas cuando piensan en las horas tristes pasando al otro lado de la ventana. 

28 noviembre, 2013

Origen de la melancolía.

'¿Existe acaso una predisposición de ciertos seres por la tristeza? ¿Sería, entonces, la tristeza una forma de éxtasis dichoso?' Eso me he despertado pensando esta mañana. Es la hora del café y sigo absorto pensando en ella, mirando los bucles sin fin del humo del café, viendo a través de él poca cosa aparte de una pared pintada, y observando dentro de su casual y breve existencia el movimiento de mis estúpidas neuronas siempre a la búsqueda de respuestas. ¿Para qué? Para nada, sólo siguiendo la inercia de mi obnubilación por el vacío existencial en estos instantes. Quizás de tanto mirarlo el café acabe por ser la respuesta.
Pienso, cuando logro encauzar los impulsos nerviosos a algo consciente, que sí que existe la tal predisposición que me obsesiona. ¿Cómo podría si no ser feliz arrastrando un otoño helado y eterno tras de mí? Pero, entonces, si esto es así, ¿es esto una enfermedad del alma? 
Y dejo de escrutar el café para pasar a mirar mis pies, con esa grata sorpresa de cada día de descubrir que existo a través de mis ojos. Realmente existo, aunque sólo sea una ilusión que atraviesa mis pupilas. El milagro de ser; el milagro de una simpleza tan extraña que asusta. 
Las palabras como extensión de una nostalgia infinita. Así es como me gustan. Calmadas, ordenadas, siempre a la búsqueda de una melodía que me transporte hacia la más opresora de las melancolías entristecidas. Un pequeño chute de agridulce cordura. 
Es este fin que soy yo el origen de la tristeza más natural. Y es lógico dejar a medias los pensamientos cuando, sorbo a sorbo, el café se termina y el mundo empieza.

13 noviembre, 2013

Tú y yo.

Andabas tras cualquiera, o algo así parecía, tras cualquiera que pudiera ofrecerte un par de versos, que pudiera llenar un rato de tu arrayuelada vida. Pero luego volvías siempre con el rabo entre mis piernas, y eso sí lo sé seguro. Éramos un acento argentino en un falso París. Tú y yo. Una existencia imperfecta, con ese toque único que cualquiera puede tener. Enredados compartimos soledades. Números primos a la deriva. Y nunca pensé ni en un tú ni en un yo, ni en un nosotros ni en nada. Quizás fuera el alcohol, o el tiempo perdido que calmaba nuestras pasiones, nos volvía mansos ante la eternidad de un atardecer infinito sobre los lunares de tu espalda. Fuimos un poco nada, horas a la deriva. Personajes de novela, absurdo invento, gastando la energía en vagar por la existencia.
Tú. Un ente etéreo muy real para mi calma. Podría hacer como si nunca hubieras existido, pues así es en realidad. Exististe siendo tú y no el tú que yo sabía que eras. Mi delirio de una tarde lluviosa. Así te creo, así te olvido. Que no había nada más gratificante que arrastrar los segundos a tu lado. El silencio se nos volvía amable y el aire se escabullía en busca de otra inquietud. Ni tú ni yo mirábamos hacia atrás para regodearnos sobre el tiempo perdido. Éramos un limbo, querido, cuando decidías regresar a mí por cualquier truco de magia, por cualquier deseo que prendía en tu sonrisa. Te confieso que me volví amante del silencio que tú dejabas y de las travesuras que cometí sin ti.
Sin pensar en mí lo llamaste alguna vez amor libre. Yo no le puse nombre alguno, quizás por falta de interés, quizás por esta languidez que obnubila mis ganas de ser con nadie, y menos de ser conmigo. Quizás... impulsos. Fuimos impulsos. Incluso ahora es impulso esto que nos mantiene separados. Fuimos, somos, seremos sin querer queriendo. No lo llames especial. Es este París y esta Rayuela que nos mancha lo que nos hace creer que pudimos ser amor, que podemos serlo o que (quizás) siquiera estas palabras puedan guardar en sus espacios en blanco una especie de sentimiento. Pero déjame decirte que, si somos acaso algo... somos una tarde de lluvia. Un invento extraño en un rato previo al atardecer. Un esporádico sentimiento de nostalgia surgido de la no existencia; tú y yo.
'Todo tiempo pasado siempre fue mejor', reza la memoria este instante que da paso a otro. El dulce futuro que transformamos en pretérito cuando lo pensamos. Y yo te pienso, absurdo invento. 

24 octubre, 2013

Tiempo.

Sonrió tristemente. Con la convicción de verse ajada bajo el peso de los años a través de las pupilas de quien la amó cuando aún era eterna. El viejo muchacho que algún día la quiso un poco seguramente la vería como un baúl lleno de polvo, como uno de esos amores cobardes que se quedan en nada. Un romance de la infancia; un par de arrugas más, la mirada un tanto gris a estas alturas... A estas alturas. Ella se revolvió algo incómoda ante sus ojos atentos. Quien fue reina idealizada estaba siendo vislumbrada ya fuera de su trono. Ya sin trono más bien -cicatrices-. Qué duro es siempre el reencuentro con un pasado mejor.
Él sonrió, y sin poder evitarlo... 'Cada año que pasa estás más bella'. Obviando derrotas. Cerrando el círculo de la eternidad.  

03 octubre, 2013

Microcuento.

Sus ojos, una fábrica de hielo. Ay del instinto suicida, los adictos a la autodestrucción. 
'Morir de entropía, un placer si es en tus caderas', o eso decía. 'Déjame pretender todos tus desequilibrios -ahorcarme con ellos-.'

21 septiembre, 2013

Languidez.

Quizás lo que a la gente más le agradaba de ella, lo que hacía que ser vieran atraídos hacia su ser, era esa compacta forma de ser, su forma consistente de sobrellevar los altibajos inherentes al ser. La seguridad de su persona. Y es que ahí quedaba subordinada la melancolía, quedaba más o menos oculto lo ceniciento de su existencia. Gris eterno. Los segundos, minutos, siglos, sobre su cuerpo quedaban reducidos a un suspiro alargado, como una melodramática melodía en los bordes del tiempo, al abrigo de donde el espacio se desliza frenéticamente. Cuando provocaba una sonrisa, lo cual raramente ocurría debido a su perenne nudo en el estómago, a su callada forma de afrontar la existencia, por tanto, no solía ser en base a su eterno otoño, que era a la vez su zenit y su delirio, sino a su estructura límpida, a su involuntaria lucha contra la entropía.

26 agosto, 2013

Cicatrices.

'Eh, tú, con barba y tristeza de tres o cuatro días', pensé a medias. Y le dejé ir, pues imaginé la respuesta.
'Ojalá, querida, ojalá fueran unos pocos días de dolor en esta alma atormentada'.
Y le vi pasar de largo, sobre el suelo empapado por las primeras tormentas del inicio del otoño. Andaba con pesadez, cargando sueños y partes rotas del alma, con una ridícula gravedad que impedía que quitase mis ojos de sus párpados, cubriendo a medias una mirada oscura y serena; la serenidad del que no tiene nada que perder. 
Y aquí, con el bolígrafo frente al papel soy capaz de imaginarme todas las similitudes de su piel y la mía, acaso dos gotas de agua, una enfrente de otra, diferencias apenas por las cicatrices, por el camino recorrido sin querer queriendo. 
Cuán grises somos capaces de ser a través de una mirada de ojos apagados. La luz bien filtrada, la velocidad del mundo reducida al mínimo, las nubes paseando alegremente. 
'Eh, tú. Muéstrame cómo de ''diferente'' eres de mí, si es que acaso puedes. Que la miseria es eterna y la melancolía endulza esta penumbra', pienso ahora. 
Simulacro de invierno es esta tormenta de verano a través del cristal, simulacro de un septiembre eterno que envenena todo lo que miran estas pupilas dilatadas de espanto calmado. Todo con calma, con la bella certidumbre de respirar mientras el bolígrafo se desliza y se van agotando los pensamientos por expresar, y vuelvo a quedarme en silencio frente a la ventana, con sus gotas que hacen carreras, con su vaho de hálito, con su eternidad muerta. Apago las palabras como quien apaga una luz, y subo el volumen a ese piano lacónico que resuena desde algún rincón de la casa, mezclado con el inconfundible palpitar que se deja oír levemente en su camino hacia un poco de vida, hacia un poco de viento que se cuela por la ventana entreabierta. Me quedo, pues, a oscuras, de nuevo, con estos pensamientos que de nada sirven a la angustia de andar perdidos. 
'Eh, tú, da igual cuántas vidas vivamos, seguiremos siendo iguales. Igualmente frágiles, igualmente  andaremos perdidos.' 

17 agosto, 2013

Amígdalas.

Benditas amígdalas, que de un cuerpo desnudo en la oscuridad y unos dedos crean un recorrido por  la calma de los defectos conocidos, recordando aquí y allá dónde se eriza más el alma o el deseo, que al caso vienen a ser similares. Alabadas sean más aún cuando se combinan con el tiempo, dotando de una irrealidad mágica y poderosa a los hechos ya pasados. El despegue de los recuerdos que nos hace creerlos inciertos, la veracidad que se esconde en un rememorar con la yema de los dedos. Rutina preciosa si es sobre las causas de la parada que provocamos sobre el espacio, monotonía de la calidez que se asemeja a otra calidez ya vivida, a otras ganas ya pasadas, a otra confusión que renace en una visión circular del tiempo. Nos conocemos mejor a través del hálito de la calma compartida. Por suerte existen las amígdalas y las palabras para dejar constancia de que existimos más allá de este latido, de este momento de poca lucidez. Y es que a veces no me creo nada de lo ocurrido anteriormente, y me quedo en blanco, aislada, en mitad de la nada, aunque en el fondo de mi ser admito todo y sé que todo fue, soy y será. 
Ese mínimo instante de éxtasis que se alza imparable cuando volvemos a comprender el mundo y los recuerdos rememorando con los dedos, con los ojos, con las ganas o con el alma aturdida por el milagro de las cosas ciertas. 

11 agosto, 2013

Contradicción.

-Entonces, ¿realmente prefieres la calma, a morir electrocutada, abrasada, por esto que nos corroe las venas? 
Ella sintió un escalofrío, que le paseó por toda la médula espinal, erizando el vello a su paso. Cerró los ojos, notando la respiración de él tras de sí, muy cerca y a la vez muy lejos de su espalda. Tragó saliva y asintió una vez más, menos segura y más temblorosa. Asintió. Separando su alma del caos más profundo. 
-¿Acaso alguien que se precie racional es capaz de preferir morir corroído por una pasión compartida con un alma similar a la bella certidumbre de sobrevivir un poco más disfrutando de la calma? Nada más satisfactorio que poder poner un poco de orden y no añadir delirio a esta contradicción que es la existencia. La desgracia de una persona racional es tener un brillo soñador al fondo de los ojos. No puedo dejar que avives la llama. No quiero que me arrases por dentro, quiero respirar.
'Claro que quiero que me arrases por dentro, a mí y a todo este universo.' 
Una música de brisa tímida se paseaba entre ambos, se descolgaba del pelo de ella para ir a parar a las pestañas de él, desplazándose con dificultad, pues el aire, enrarecido, estaba cargado de súplicas, sueños y protestas, aderezado con la rabia que transportan los témpanos de hielo en su interior más bello y oculto, donde las moléculas más ordenadas están lejos del riesgo de desordenarse, de temblar hasta evaporarse y perderse en la nada. El aire se llevaba las palabras al lugar donde yacen los besos perdidos y las promesas cumplidas a medias; a ese irrisiorio paraíso perdido que nadie reclama, en el que a veces algún loco piensa y al que nadie le importa. Los restos de los recuerdos más ínfimos hacen de colchón para las lágrimas que llegan. El viento, que todo se lo lleva allí, a veces, si sopla enfurecido, no hace más que volver a esparcir todo lo sucio y desordenado por el amplio océano de estas nuestras miserias. 
¿Quién, que se precie persona, no prefiere y preferirá morir a manos de una pasión que le haga arder en el infierno? No existe más deliciosa moneda para Caronte.  
-Pues tú y tu racionalidad podéis iros a la mierda. 
Cenizas, no polvo, es lo que somos. Cenizas de nuestros huesos, de partes del alma que prenden una y otra vez en un ciclo sin fin que dura hasta que el sentido se recobra sobre la línea de la muerte. 
¿Acaso no es la autodestrucción una forma de creación del hombre? ¿Somos acaso algo si no somos capaces de destruirnos? 
Déjame que me vaya con las palabras dando bandazos, porque es lo único que sé hacer.
- La mierda es un lugar bello para mis propósitos de ver cómo te vas alejando de aquí- 'HÚNDEME'. 
-Puedo oír a tu alma gritar, pero supongo que no voy a hacerle caso. Calma, calma, divino regalo de la Providencia para entretenernos tejiendo nuestro orden vital y  condenarlo acto seguido a asfixiarse en las arenas movedizas que nos soportan. Calma, calma para ti y, por suerte, soledad lobuna para todos. 
-De todas formas, ¿sabes? No hay elección posible. Jamás. Sólo algo de suerte y muchos lazos entre el caos y el orden.

30 julio, 2013

Arrastrarse en las horas.

Os voy a contar la historia de la pequeña que tenía miedo a dormir sola. La pequeña no tan pequeña, no tan inocente. Una adicta a la incomodidad, a la pereza de un cuerpo que se acompasa junto a otro, al respirar tranquilo y pausado. Tengo que admitir que la pequeña era una gran amante de la indiscreción, de los grandes secretos revelados sin revelar, durante el día su obsesión eran los huecos en blanco que quedan entre las palabras. Luego llegaba la noche, y cuánta tristeza se extendía sobre su cama, bajo las sábanas, al verse inquieta y sola. Terriblemente sola en una cama muy ancha. 
Hay miedos e inquietudes que uno por sí solo no es capaz de superar. Y ella era de la religión del aire compartido, de las pieles que se tocan, para alcanzar sin hablar y sin ser casi un remanso de paz; una mañana que ha podido librarse de la oscuridad de la noche. 
No es interesante hablar de todas las noches que pasó acompañada, pues todas fueron felices; llenas de ebria locuacidad o de fría calma. El verdadero quid de la cuestión es la incapacidad para dormir sola.
Podía leer, escribir, arrastrarse de un lugar a otro de la ciudad dejando correr las horas bajo el influjo lunar, llorar o gritar. Siempre hay miles de alternativas para calmarse, igual que dicen que el chocolate sirve como sustitutivo del sexo (¿quién inventaría esa chorrada?). Ninguna servía. No había nada que hacer. El tiempo cobraba una relevancia dolorosa en su paso por la habitación, la irracionalidad se la comía; y la pequeña tuvo que reaprender a dormir sola. 

17 junio, 2013

Cartas.

Coleccionar cartas de amor es un vicio caro. Cada palabra va aumentando de valor conforme va avanzando sobre el papel y las líneas se van haciendo más prietas y desesperadas. El éxtasis, por supuesto, al final, camuflado bajo un 'Te quiero' que parece lógico y racional sobre el folio, y en realidad no es más que un mundo enloquecido que firma, que se deja ver, que se arrastra bajo un suspiro. 
Gritarle al futuro que tu amor se queda plasmado en palabras, tontas, vanas, dulces quizás, es un precio muy caro para el alma. Es entregar condensado un pedazo de alma y dejar que otro lo custodie, lo queme, lo rompa en mil cachitos ínfimos si acaso le parece. Es terrible saber que quizás después te arrepientas, o que, valorando el pasado, aparezca esa carta, y sólo por la sonrisa tonta que te saque sabrás que mereció la pena ser vulnerable.
Dejar el amor grabado en palabras es muy peligroso, una misión arriesgada sólo para aquellos valientes que se atreven a ser muy débiles y muy fuertes a la vez. Coleccionarlas, por el contrario, es atreverse a llegar al final de cada carta y encontrar ese 'Te quiero', dejarse recorrer por un escalofrío al imaginar unos labios bien cerca del oído, alterando cada nervio del cuerpo y pronunciando palabras estúpidas que bien son capaces de mover el mundo en su aleteo. 

21 mayo, 2013

Cielo.

-'No quiero que hablemos nunca de las miradas entre tú y yo. Nunca. No me apetece saber cuán inevitablemente desnudo quedo ante tus ojos.' Le dije eso, y menos mal que estaba muy serio, porque parecía a punto de reírse. Seguro que me estaba imaginando desnudo. Qué dolor si decide no reír por cualquier cosa, su silencio me pierde, y a la vez me calma, como en una nube muy muy gris. Y ya estoy harto de hablar de cursiladas, ¿sabes? Vine aquí a contarte con un nudo en la garganta cómo estoy, cómo me va, y siento que podría hablarte una eternidad de la constelación de sus lunares. Me siento tan estúpido, tan increíblemente cerca del suelo y del cielo a la par... ¿Cómo lo hará? 

25 abril, 2013

TELL ME I'M YOUR NATIONAL ANTHEM.


'Nunca aprendí a diferenciar tus labios de una taza de té hirviendo, ni de icebergs en mitad del Atlántico, y así estoy, que me toca estrellarme, ronronear como un gatito, arrastrarme hasta tus pies sin que nunca lo sepas, llorar por las esquinas cuando no miras... Crear un mundo de dolor a tus espaldas, donde el silencio es un grito y el espacio se construye a suspiros...' Eso me dijo poco antes de irse para siempre, ¿sabes? Y nunca supe si era mejor abrazarla o encadenarla, para que no fuera acariciando el lejano contorno de las nubes a cada paso. Nunca supe hacerle saber que el amor es un estado nocturno que pasa, que el amanecer se lo lleva, y que cuando trae el frío, el rocío, el mundo, las calles están ya puestas, y el cielo tirita, el amor debía irse. Nunca pude hacerle entender que estaba loca, que el amor no dura más de lo que duran las caricias en la madrugada. Ella siempre creyó que podía conquistar el mundo con sus dedos, y que el mundo era mi espalda... ¿Cómo podía hacerle entender que estaba loca? 
Y ahora suspiro, ¿sabes? Porque la echo de menos. Porque de día sabía ordenar mi caos a besos y por las noches ponerlo todo patas arriba con sus mordiscos. Y ahora ya no sé lo que es el amor, ni de qué sirve que pongan las calles todos los días religiosamente, si no la encontraré tratando de cazar nubes a mi lado, dándome lo que sólo descubrí que tenía cuando me lo arrancó. Cuando metió todo su mundo en la maleta y salió sin una lágrima, sin una palabra. Salió de mi vida y se llevó el sentido con ella, se llevó mi cordura atada a su locura... Y mira que intenté hacerle entender que el amor es una utopía. Ella me decía que lo teníamos todo, y cuando salió de la casa decidió llevárselo consigo, para dar luz en otra parte del universo. 
Ahora comprendo que el mundo no es el mundo, y que el amor es un ladrón excelente.
Vagar. Vagar es lo que me queda hasta que mi hastiado corazón decida que no soporta más este frío con sabor a derrota eterna. 

14 abril, 2013

Que antes de rendirnos fuimos eternos.

Cuerpos desnudos a la deriva, a la búsqueda de placer. Así es como María acabó llorando en silencio, con los ojos y los labios bien prietos, que ni el aire podía huir de entre sus labios. No fue de dolor, ni fue por el peso de las caricias que recibía en cada centímetro de su cuerpo. Quizás sí y no fue por delirio. María lloró sobre las sábanas mientras el gusto los corroía de pies a  cabeza, lloró porque sentía en el ambiente congelado de la habitación que no existía el tiempo. Habían detenido entre sus dedos, entrelazando sus piernas, sus deseos y sus miedos más recónditos, el ladrón más fugaz. En un instante de éxtasis habían logrado burlar a la realidad. El tiempo no existía. Y lloró dulce, levemente, mientras unos labios y unas manos ardiendo se encargaban de evaporar una a una todas las gotas de llanto sobre su rostro, para mezclarlas con el dulzón aroma que impregnaba todo el cuarto, pegado a los cristales de las ventanas, ese aroma en que se traduce el amor cuando lo puede todo. El amor convertido en noches en vela, en colchones cómplices y un espacio separado del resto de dimensiones. El amor cuando se metamorfosea en un universo aparte. Y María lloró, se extasió y se espantó por haber detenido el tiempo. 

03 febrero, 2013

Nathalie, con sus labios entreabiertos, los ojos fijos -fulgurantes-, se atrevió a dejar escapar dulces palabras del fondo de lo más acaramelado de su ser...
'Busca a tu yo de dentro de 10 años...¿Me ves acaso a tu lado?', suspiró un poquito.
La botella, fría entre sus dedos, permanecía callada, visiblemente confusa. La cerveza burbujeaba bajo su translúcida piel. Nathalie se puso un poco seria, odiaba los silencios.
El amanecer amenazaba con congelarle el rímel sobre las pestañas, el carmín sobre sus labios... Amenazaba con dejarla clavada en la eternidad con una apariencia que llamaba al patetismo, al frío más profundo.
¿Cómo acabar una noche sentada con las piernas cruzadas, arrugando el vestido, sobre un banco poco especial en cualquier parte del centro de la ciudad? Sí, eso mismo se preguntaba ella.
Se sentía mal y bien a la vez. Mal porque el estómago clamaba sin cesar. Bien porque se creía en poder del conocimiento sobre la sencillez.
¿Cómo acabar un relato estúpido que ha comenzado sin ningún sentido? Pues de la misma forma en que comprendemos que no hay instante aislado en el tiempo, y quizás imaginar a Nathalie caminando por entre calles vacías, con escalofríos a cuestas, le hace perder su magia, pero ser real, 'desidealizada'.
Que quizás Nathalie ha sido el amor platónico de cualquiera... miradas que encuentras un instante, chispazo, desaparición. Desaparición y olvido para siempre. Por suerte. Por suerte no tenemos la desgracia de conocer a Nathalie y descubrir que hay hueso bajo sus labios de papel, sobre su alma de papel. Nathalie quizás sea fea, o esté loca, y realmente dentro de diez años volverá a encontrarse a sí misma sobre un banco, y a nosotros como protagonistas de un cuento que nunca escribirá.

31 enero, 2013

Vacío.

Las bragas caen; allí está ella. Completa, desnuda. Imperfecta pero amándose. Tan próxima a la muerte y a la vida que le sudan las manos. Sonríe. Sonríe por fin, extendiendo los labios en el fango, creando alas de brisa, de suposiciones, de alma que no teme al fracaso. 
Los coloretes sobre sus mejillas iluminan la habitación, con esa calidez mediocre pero delicada que sólo puede ser percibida por las auras extraordinarias que escasean sobre la faz de la Tierra. 
No, no se basa en grandeza el ensanchamiento de su pecho, sino en todas las posibilidades que aún laten bombeando sangre a todas las cicatrices que la recorren de arriba abajo, tanto  su mundo corpóreo como el inteligible. Se basa en todo lo posible, en la fábrica de ilusiones vanas trabajando a todo trapo, a mil por hora. 
A veces la última esperanza reside sobre la nada, pues si la vida se transforma en vacío, el vacío pasa a la prioridad de supervivencia en la ambición. 

18 enero, 2013

Douleur.

Me asomé al balcón, y me apoyé sobre el hierro helado para contemplar las luces de la ciudad casi callada, silenciosa, de luces y transeúntes ondulantes, redondeados en la dulzura del silencio en la madrugada.
'¿Cuál sería el día más triste del Universo?¿Cómo establecer el mío propio como referencia de medida para el resto de la existencia?' eso, exactamente eso se me pasó por la cabeza en el instante en que mis labios se congelaban al contacto con el aire pretendiendo entrar dentro de mi caja torácica.
Es extraño, pensé que la existencia en sí es un día raro, un día triste muy largo. Melancolía incomprensible. ¿Cómo hacerla entender con palabras? Imposible. En el momento en que se despega de la lengua esta tristeza, se vuelve estúpida, y el sentido se pierde, se desvanece. Pero... ¿qué digo? ¿Qué sentido? ¿El de la vida, el de tal tristeza, el de esta náusea bien arraigada? 
La vida es una neumonía del corazón, en que éste se va encharcando poco a poco, de un líquido fangoso y terrible que pocas personas saben limpiar. Yo, por ejemplo, no sé quitarme, limpiarme de encima este sentimiento mordaz, y poco a poco va creciendo mi tos, o mi laconismo, según como quiera escribirse. 
Entiendo muy bien que aquella noche morí un poquito, asfixiado por la nada, por ese sentimiento de ridiculez que acompaña siempre a los malos momentos. ¿De qué sirve el zigzagueante camino que me empeño en arañar en la tierra si hace ya mucho que me perdí y me alejé de donde quería ir al principio? Creo que es hora de que me limpie las uñas al menos, ya que el corazón no puedo. 
'Los caminos del Señor son inescrutables', bendita inocencia. Ojalá alcanzase yo a estas alturas, a mi medio siglo de vida, lograr pensar que en vez de perdido, ando guiado por una mano divina. Ojalá. Aunque supongo que hay un bello regusto bajo la estúpida conciencia, un atisbo de luz para proseguir mañana mi día gris con otros ojos. No sé, dicen que nunca es tarde, y que el amor siempre salva.

10 enero, 2013

Si me buscas.

'Se me hace tan raro (tan maravillosamente raro, quería decir) encontrarme contigo a través de la invocación de tu recuerdo al rozar las calles que pisé sin ti, sin tus ganas, pero con tu olor. Al ver esa botella que dejaste olvidada la noche anterior, y que hoy descubro, llena de rocío (de olvido, quizás), pienso en todo lo que haría por ti sin ti. Lo que haría en nombre del amor sin recordar el tuyo.
Yo por mi parte.... Sombra. Aparición si me invocas entre tus dedos. Aparición tras el vaho, en la calle, si me dejas colarme bajo tu almohada. Quiero ser un pensamiento vano.
Idealízame. Destroza mis venas con tus sentimientos malditos. Que no los quiero aunque los disfruto, entre los gemidos ahogados del dolor más certero y voluble. Sácame de la paz aunque no quiera, aunque patalee y te arañe la espalda (la coraza, los labios...). Respiro, despacio. Yo, que soy lo que soy y lo que no soy, me deleito al verme transformada bajo tu mirada (bendita locura ajena). 
Sentir, sentir.... Qué extraña palabra bajo este frío matinal que insensibiliza, que me hace ver Granada tras una nariz helada. Y así me va; queriéndote cuando no estás, gritándole palabras a este viento (que me trae tu aroma en mil colores) furibundo y tranquilo, dejando colgar las piernas como en el Meridiano de Greenwich.'

Y dejé volar estas palabras, con ganas de que se pierdan o que las encuentres, y que sonrías un poco por toda la falta de sentido que tengo. No sé, nunca sabré si te quiero o dejé de hacerlo hace algún tiempo, mi querida musa, mi querida inspiración sin alas, que ni sin ti ni contigo cobran las luces de la ciudad sentido, y ¿qué vamos a hacerle? Si este lobo solitario y maldito cada vez se conforma con menos, y el motor oxidado de mi existencia a veces se basa exclusivamente en tu mirada vagabunda, y ¡oh!, aún puedo recordar tiempos anteriores a ti, en que el sentimiento no ocupaba todos mis folios sucios, y la razón aún tenía lugar, y podía sentirme parte de los hombres rectos que, con maletín y una corbata algo gris, se permiten el lujo de la absurda existencia fuera de tus límites. ¡Oh!, aún yo llevaba un maletín, maravillosamente igual a los demás, aunque  repleto de falsas esperanzas y una flor sin nombre. A veces le suplico a tu espectro vacío: '¡Déjame ser!'