10 enero, 2013

Si me buscas.

'Se me hace tan raro (tan maravillosamente raro, quería decir) encontrarme contigo a través de la invocación de tu recuerdo al rozar las calles que pisé sin ti, sin tus ganas, pero con tu olor. Al ver esa botella que dejaste olvidada la noche anterior, y que hoy descubro, llena de rocío (de olvido, quizás), pienso en todo lo que haría por ti sin ti. Lo que haría en nombre del amor sin recordar el tuyo.
Yo por mi parte.... Sombra. Aparición si me invocas entre tus dedos. Aparición tras el vaho, en la calle, si me dejas colarme bajo tu almohada. Quiero ser un pensamiento vano.
Idealízame. Destroza mis venas con tus sentimientos malditos. Que no los quiero aunque los disfruto, entre los gemidos ahogados del dolor más certero y voluble. Sácame de la paz aunque no quiera, aunque patalee y te arañe la espalda (la coraza, los labios...). Respiro, despacio. Yo, que soy lo que soy y lo que no soy, me deleito al verme transformada bajo tu mirada (bendita locura ajena). 
Sentir, sentir.... Qué extraña palabra bajo este frío matinal que insensibiliza, que me hace ver Granada tras una nariz helada. Y así me va; queriéndote cuando no estás, gritándole palabras a este viento (que me trae tu aroma en mil colores) furibundo y tranquilo, dejando colgar las piernas como en el Meridiano de Greenwich.'

Y dejé volar estas palabras, con ganas de que se pierdan o que las encuentres, y que sonrías un poco por toda la falta de sentido que tengo. No sé, nunca sabré si te quiero o dejé de hacerlo hace algún tiempo, mi querida musa, mi querida inspiración sin alas, que ni sin ti ni contigo cobran las luces de la ciudad sentido, y ¿qué vamos a hacerle? Si este lobo solitario y maldito cada vez se conforma con menos, y el motor oxidado de mi existencia a veces se basa exclusivamente en tu mirada vagabunda, y ¡oh!, aún puedo recordar tiempos anteriores a ti, en que el sentimiento no ocupaba todos mis folios sucios, y la razón aún tenía lugar, y podía sentirme parte de los hombres rectos que, con maletín y una corbata algo gris, se permiten el lujo de la absurda existencia fuera de tus límites. ¡Oh!, aún yo llevaba un maletín, maravillosamente igual a los demás, aunque  repleto de falsas esperanzas y una flor sin nombre. A veces le suplico a tu espectro vacío: '¡Déjame ser!'

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