El problema es cuando uno es adicto a estrellarse; cuando el miedo al error y la adicción al caos se mezclan desafiando a la termodinámica. Y surge la desgracia de no saber cuándo parar de hacer las cosas mal, de desear cosas 'erróneas' -según lógica imperante- y de tener el subconsciente siempre metido en líos. De desear siempre tu sombra callada en mi camino. Porque resulta que podría ser la silueta de cualquiera, pero eres tú. De espaldas, en compañía de a saber quién. Serena, ajena a mi mirada -mi taquicardia-, a la locura de mis pensamientos a mil por hora mientras asumo que eres tú a quien veo, sentada. Tu pelo.
El problema es que debería dejar de mirarte y seguir andando -llevo prisa-. No puedo. El extraño mundo deja de girar y a ver quién lo arranca. Intuyo tu nariz. Tu felicidad airada. Es culpa del tiempo y la distancia que no saben arreglar nada. Tú, que con la sonrisa que imagino me susurras 'Tengo algunos problemas preparados para ti'. Y yo, que no me resisto a los días grises enredados en las sábanas de tu ático, que no soy capaz de alejarme del olor a café y de tus pies fríos.
'Nunca confíes en mí', y cuánta razón, bella. No necesito confianza, sólo que me líes una vez más. Y otra, y otra, y otra... Y sigo andando, ya nos veremos.
'Nunca confíes en mí', y cuánta razón, bella. No necesito confianza, sólo que me líes una vez más. Y otra, y otra, y otra... Y sigo andando, ya nos veremos.
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