Tiemblo. Tiemblo pero no soy capaz de cerrar la ventana. Nunca voy a recuperarla. Pálido, con los labios sangrantes quebrados en una mueca trato de asumirlo una vez más. Añado caos al caos y me pregunto dónde estará, en qué brazos dormitará ahora (cálida y sonriente), qué calles inundará (sólo un momento, un minuto, como una brisa) de calma.
Sin despedirse, sin dejar más que un cuaderno lleno de garabatos que yo mismo había escrito ya a medias abierto sobre la mesa del salón. Era de noche cuando se marchó, lo recuerdo. Por el insomnio. Insomnio eterno en una habitación de silencio pesado.
Sin más. Paz, te vas y me abandonas. No sé dónde buscarte, no sé si te encontraré perdida y sola en cualquier esquina, no sé si te encontraré en el mirador más recóndito de la ciudad mirando al infinito, a la puesta de sol. 'Hermosa y pálida'. Así estarás, como siempre, Paz. Aunque no te encuentre. Así te sueño.
Los demonios ya no me dejan dormir, ya no me dejan ser ni estar. La vida sin ti es caos. Sé que nunca te voy a recuperar. Los hechos se acumulan sin sentido, unos sobre otros, sin orden ni coherencia. Y aun así sé que debo buscarte. Visitaré todos los lugares, todas las pieles y nombres que me sean posibles, Paz, aunque tú no estarás en ninguno de ellos. Y lo sé, y aun así llegaré hasta el infierno mismo para encontrarte. ¿Qué de mí sin ti, terrible utopía?
La ventana abierta, y tras ella la ciudad dormida, iluminada la calle apenas por tímidas farolas. Tiemblo. En algún lugar de este universo tienes que estar. Y casi me lo creo.
La ventana cerrada, la habitación en terrible y sucia penumbra. En algún lado tendrás que estar, miserable. Con la certeza de la derrota previa a la batalla y a la guerra me vuelvo a la cama. A recordar tu leve aroma, tu breve existencia dentro de mi alma. Miserable.
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