31 enero, 2013

Vacío.

Las bragas caen; allí está ella. Completa, desnuda. Imperfecta pero amándose. Tan próxima a la muerte y a la vida que le sudan las manos. Sonríe. Sonríe por fin, extendiendo los labios en el fango, creando alas de brisa, de suposiciones, de alma que no teme al fracaso. 
Los coloretes sobre sus mejillas iluminan la habitación, con esa calidez mediocre pero delicada que sólo puede ser percibida por las auras extraordinarias que escasean sobre la faz de la Tierra. 
No, no se basa en grandeza el ensanchamiento de su pecho, sino en todas las posibilidades que aún laten bombeando sangre a todas las cicatrices que la recorren de arriba abajo, tanto  su mundo corpóreo como el inteligible. Se basa en todo lo posible, en la fábrica de ilusiones vanas trabajando a todo trapo, a mil por hora. 
A veces la última esperanza reside sobre la nada, pues si la vida se transforma en vacío, el vacío pasa a la prioridad de supervivencia en la ambición. 

18 enero, 2013

Douleur.

Me asomé al balcón, y me apoyé sobre el hierro helado para contemplar las luces de la ciudad casi callada, silenciosa, de luces y transeúntes ondulantes, redondeados en la dulzura del silencio en la madrugada.
'¿Cuál sería el día más triste del Universo?¿Cómo establecer el mío propio como referencia de medida para el resto de la existencia?' eso, exactamente eso se me pasó por la cabeza en el instante en que mis labios se congelaban al contacto con el aire pretendiendo entrar dentro de mi caja torácica.
Es extraño, pensé que la existencia en sí es un día raro, un día triste muy largo. Melancolía incomprensible. ¿Cómo hacerla entender con palabras? Imposible. En el momento en que se despega de la lengua esta tristeza, se vuelve estúpida, y el sentido se pierde, se desvanece. Pero... ¿qué digo? ¿Qué sentido? ¿El de la vida, el de tal tristeza, el de esta náusea bien arraigada? 
La vida es una neumonía del corazón, en que éste se va encharcando poco a poco, de un líquido fangoso y terrible que pocas personas saben limpiar. Yo, por ejemplo, no sé quitarme, limpiarme de encima este sentimiento mordaz, y poco a poco va creciendo mi tos, o mi laconismo, según como quiera escribirse. 
Entiendo muy bien que aquella noche morí un poquito, asfixiado por la nada, por ese sentimiento de ridiculez que acompaña siempre a los malos momentos. ¿De qué sirve el zigzagueante camino que me empeño en arañar en la tierra si hace ya mucho que me perdí y me alejé de donde quería ir al principio? Creo que es hora de que me limpie las uñas al menos, ya que el corazón no puedo. 
'Los caminos del Señor son inescrutables', bendita inocencia. Ojalá alcanzase yo a estas alturas, a mi medio siglo de vida, lograr pensar que en vez de perdido, ando guiado por una mano divina. Ojalá. Aunque supongo que hay un bello regusto bajo la estúpida conciencia, un atisbo de luz para proseguir mañana mi día gris con otros ojos. No sé, dicen que nunca es tarde, y que el amor siempre salva.

10 enero, 2013

Si me buscas.

'Se me hace tan raro (tan maravillosamente raro, quería decir) encontrarme contigo a través de la invocación de tu recuerdo al rozar las calles que pisé sin ti, sin tus ganas, pero con tu olor. Al ver esa botella que dejaste olvidada la noche anterior, y que hoy descubro, llena de rocío (de olvido, quizás), pienso en todo lo que haría por ti sin ti. Lo que haría en nombre del amor sin recordar el tuyo.
Yo por mi parte.... Sombra. Aparición si me invocas entre tus dedos. Aparición tras el vaho, en la calle, si me dejas colarme bajo tu almohada. Quiero ser un pensamiento vano.
Idealízame. Destroza mis venas con tus sentimientos malditos. Que no los quiero aunque los disfruto, entre los gemidos ahogados del dolor más certero y voluble. Sácame de la paz aunque no quiera, aunque patalee y te arañe la espalda (la coraza, los labios...). Respiro, despacio. Yo, que soy lo que soy y lo que no soy, me deleito al verme transformada bajo tu mirada (bendita locura ajena). 
Sentir, sentir.... Qué extraña palabra bajo este frío matinal que insensibiliza, que me hace ver Granada tras una nariz helada. Y así me va; queriéndote cuando no estás, gritándole palabras a este viento (que me trae tu aroma en mil colores) furibundo y tranquilo, dejando colgar las piernas como en el Meridiano de Greenwich.'

Y dejé volar estas palabras, con ganas de que se pierdan o que las encuentres, y que sonrías un poco por toda la falta de sentido que tengo. No sé, nunca sabré si te quiero o dejé de hacerlo hace algún tiempo, mi querida musa, mi querida inspiración sin alas, que ni sin ti ni contigo cobran las luces de la ciudad sentido, y ¿qué vamos a hacerle? Si este lobo solitario y maldito cada vez se conforma con menos, y el motor oxidado de mi existencia a veces se basa exclusivamente en tu mirada vagabunda, y ¡oh!, aún puedo recordar tiempos anteriores a ti, en que el sentimiento no ocupaba todos mis folios sucios, y la razón aún tenía lugar, y podía sentirme parte de los hombres rectos que, con maletín y una corbata algo gris, se permiten el lujo de la absurda existencia fuera de tus límites. ¡Oh!, aún yo llevaba un maletín, maravillosamente igual a los demás, aunque  repleto de falsas esperanzas y una flor sin nombre. A veces le suplico a tu espectro vacío: '¡Déjame ser!'