Mi madre interrumpe mis pensamientos. Me sudan las manos. Estaba mirando por la ventana, y otra vez divagando. Otra vez la idea de suicidio, de mis venas sudando delirios, pintando el cuadro de mi existencia a grandes trazos carmesís. Se me arraiga dentro, noto cómo se ha adueñado de mi interior esta solución permanente a un problema temporal. Me asusta pensar que cualquier día pueda de pronto despertar de la inconsciencia para descubrirme agonizante sin billete de vuelta.
Eso me recuerda a ese instante mágico en que ya has saltado a la piscina pero aún no has caído, y un escalofrío te recorre la columna vertebral de arriba abajo pues de pronto se te ocurre preguntarte si el agua estará fría... Pero ya es tarde, y te hielas bajo el silencio profundo de las aguas agitadas. Supongo que es parecido.
El coche gira, las gotas se deslizan zigzagueantes en una carrera infinita, juntándose, separándose unas de otras. Tengo ganas de tocarlas. Acaricio el cristal. Bajo la canción que suena en la radio (cualquiera que sea...) me imagino el silencio roto de forma rítmica por la caída de las ínfimas gotas sobre las calles, sobre los tejados, sobre los labios que se juntan en cualquier rincón escondido, sobre mi coche y sobre las sucias almas de mentes deterioradas...
Eso me recuerda a lo muchísimo que me apetece calarme ahora mismo. Dejarme ser lo que quiera que sea yo en el silencio de estos pensamientos tontos, cerrar los ojos y conjurar a los demonios de la paz para poder respirar un poco sin el asfixiante humo que producen mis propios deseos.
Me laten las venas en las muñecas. Esta vez no logro calmarme, y miro hacia fuera por el cristal empañado para disimular. Hago como que me embeleso un poco, pero en realidad lucho. Lucho muy fuerte contra el suicidio dentro de mi cabeza, en la que ya he muerto entre mil y mil quinientas veces.
He olvidado a dónde vamos hoy. Da igual, estoy seguro de que no es el sitio que preferiría. Así que me quedo mirando las rayas blancas, que, con el mismo ritmo que la lluvia al desparramarse por todo el horizonte, van pasando junto al coche. Pongo las manos sobre las piernas, más vale que las controle antes de que se escapen en busca de cualquier cuchillo despistado.
