21 junio, 2012

Panther.

Me va a estallar el pecho. El whisky, ardiente, se va colando por mi garganta, va enloqueciendo cada célula de mi cuerpo, ahogando la cordura y los pensamientos. Resisto las arcadas y me seco las lágrimas.
Pantera suena de fondo. Casi me siento invencible sobre los tacones. A todo volumen. La casa, vacía y extrañada, tiembla a cada corchea. Aprieto con fuerza la botella e inspiro muy fuerte.
'¿Qué importa?'. Sonrío. 
Cae el vestido casi en un instante, me voy quitando las horquillas al ritmo de la voz de Phil Anselmo. 
La piscina está iluminada por algunas estrellas solitarias que me miran algo inquietas. Me siento tan grande mientras el sujetador cae junto a la botella, que casi puedo rozarlas con alzar apenas los dedos. 
Salgo fuera, me dejo acariciar un poco por la leve brisa nocturna. Caen las bragas junto a la piscina. Quiero desaparecer. 
Rozo el agua. Está perfecta. Los labios entreabiertos, la sonrisa torcida. Resalta mi carmín entre estas sombras con las que me codeo. Les cuento mis delirios entre sollozos, aunque ya sé que no lo entienden... ¿Quién podría?
Me hundo. Yo también quiero ser sombra. Silencio. Se calla la música y puedo percibir mis latidos, lentos, golpeándome. Mi corazón y yo, una relación imposible. Lo único que tenemos en común es esta sangre y este dolor.
Vuelvo al aire nocturno. Algo me alivia. Me siento en el borde de la piscina, notándome casi ingrávida, como si fuera en una nube, por encima del mundo y de sus asfixiantes desgracias. Ojalá me hubiera enredado entre la voz de Lauryn Hill y no estos ritmos, para una noche tranquila...
El agua va resbalándome, dejando intactos sólo mis labios. Rojos y callados. Sonrío un poco. Sé que tengo que dar miedo con el rímel, el pelo enredado y la mirada sangrante. 
Me dejo caer de espaldas y suspiro, como si ese suspiro pudiera arrancarme parte de lo que soy y llevárselo bien lejos. 
Pues bueno, otra noche que añadir a mis insomnios. 
Perder el rumbo sienta tan bien...

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