03 diciembre, 2016

Cuadratura

Tras la lluvia esta noche he renacido, o algo se ha avivado en mi interior, una necesidad candente. Bajo el frío. En la soledad de las calles cuando llueve y ya es invierno, o casi. Me vuelvo a sorprender a mí misma. En el bucle de subir y bajar de mi pecho a cada respiración, en el humo entrando y saliendo. En el mareo de andar sin rumbo, con los dedos congelados y los labios ardiendo. Siempre ardiendo. Me sorprende el sábado en la quietud de un domingo ficticio y casi tangible. Me sorprende que los callejones me acompañen en la quietud  y la calma, lo disociado de mi ser a veces, aunque siempre en la misma canción.
Sacar a pasear el alma, casi desnuda, sin pudor. Como si su negrura perdiera importancia en la penumbra de las calles y se hiciera difusa en el vaho ante mi cara. Como si no pudieran verse las heridas ulceradas, sangrantes, abiertas, en carne viva a la luz de las farolas y en el reflejo del suelo mojado bajo mis pies. 
Silencio. Silencio que me taladra. Que nada más puede romper, acaso algún coche al pasar por mi lado fugazmente. Que casi se sobrepone al susurro de Mark Knopfler. 
Resbalar, deslizarme en la noche, paseando también la tristeza, grabada a fuego al fondo de los ojos, en la punta de la lengua, en la comisura de los labios. La tristeza que envuelve mi corazón y mis pulmones. Que da forma a mis palabras esforzadas, acantonadas en mi interior. La tristeza que se va transformando en paz y casi felicidad a medida que me voy perdiendo entre las calles y me hago insignificante, casi invisible. Casi tranquila. Casi. 
Y al rato siguiente todo se desvanece y vuelvo a ser casi una sola persona. Casi. Casi un solo ser, compacto y sereno. Y la tristeza y la calma y el humo y el vaho y el frío de la noche y la negrura de mi alma... todo vuelve a mi interior, como si nunca hubiera tenido la valentía de salir.  Como si no hubiera necesidad alguna de airear de vez en cuando el caos que nos conforma. 

06 junio, 2016

Feelings

Hoy he despertado siendo la incertidumbre. Hoy soy el miedo al futuro, la necesidad de arriesgar el pasado. Hoy tengo pintado en la frente todo lo que repele hacer y ser, lo contrario a la calma, la bendita maravillosa inercia. Hoy, no sé por qué, me he despertado siendo un abismo como brecha entre presente y futuro. Hoy soy vértigo, todo lo que te gusta pero no te atreves a tocar, por miedo a que el camino que pretendes hacer a base de quitar nuevos zarzales se te haga grande, pesado, infinito. Soy, cómo decirlo, innecesaria hoy, un camino árido que es mejor evitar. Hoy me siento un incierto quizás, una nube de sombra en la maravillosa delicia del terreno conocido, del sol de siempre, Hoy me siento nueva, y me siento terriblemente mal por sentirme una utopía. Así que callo, sonrío y prosigo mi propio camino soleado. Hoy, hoy, hoy. Y a ver mañana. Hoy soy un brillo que se apaga de un  seco portazo, que es mejor hundir a lo profundo del subconsciente  y olvidar para siempre. Hoy  me siento perdida, supongo.

10 mayo, 2016

Un jueves cualquiera

Me salgo al balcón, me enciendo el cigarro y comienzo a ver a la gente pasar por la calle. Atarcede. Me siento, miro al cielo. Quizás debería llorar. Pero no me apetece. Quizás debería curarme las heridas, pero me siento incapaz. Quizás debería dejar de escribir enrevesado, pero no sé; o asumir lo que me desgarra, pero la rabia no me deja. Quizás debería ponerme a estudiar y dejarlo todo correr, pero no tengo ganas de ignorar esta tormenta pasiva. Nothing's gonna hurt yiu, baby, me repito. Tal vez lo que tengo que hacer es dejar de autodestruirme, pero eso dolería más aún. Y tampoco sabría cómo. Para qué engañarnos. Vuelvo a pensar que debería llorar... pero me siento tan vacía, tan bien camuflada en la oscuridad que va cayendo y haciéndose noche... Llorar, ¿para qué? Me basta con el insomnio, no hay nada que limpiar en mi interior. Sólo el peso de la apatía, como plomo, que me aisla, que me envuelve, que me mece en la soledad que tanto me gusta y me agobia. 
Que está claro que no sé ser otra cosa que ojos tristes conmigo -para mí, me, conmigo-. ¿Para qué ser más, si es hora de ser sincera?

09 enero, 2016

Noches

En honor a tu ausencia me paseo por el borde de los abismos. Y en honor a la mía, a mi propia alma vagabunda, me dejo ir en el vaivén del viento álgido y nocturno entre mi nuca y mi cara. 
Siempre te he buscado en los rincones más oscuros y recónditos de la conciencia. Incluso en el humo de este cigarro vislumbro tu sombra, hasta en este frío glaciar se dibujan tus dedos sobre mis labios.
Tú,  interlocutor mayoremente callado de mis delirios, a quien siempre hablo cuando se me hace un nudo irrompible en la garganta, a quien siempre busco en la oscuridad, es a ti a quien derramo palabras que arden. Tú, inamovible en la punta de mi lengua -en el vértice mismo de mis deseos-. Es tu presencia la que imploro, es tu susurro en el silencio doloroso. 
Tú, y a veces yo. A veces es sólo a mí a quien quiero al fondo de mi tristeza más profunda. Y aún así escucho tu nombre.
Clavado a fuego, en el débil -vano- titilar de las estrellas, de los faros de los coches al pasar por mi lado, en la belleza inherente a los ínfimos jadeos que se escapan cuando no queda aire, cuando no logra entrar. 

04 enero, 2016

Respirar.

Hoy es un día especial. Y todo porque tengo los labios quemados en vez de cortados, aunque sangrantes de igual manera al sonreír de medio lado. Veo los árboles balancearse, mecerse, estremecerse bajo un cielo negro que amenaza con una lluvia muy deseada, una  lluvia que espero desnuda en el balcón, liada en una cortina traslúcida, mientras mis labios, siempre extraños, rojos de pasión que palpita bajo la piel, permanecen sellados en el continuo murmullo del viento tratando de decirme algo, algo que ya sé de sobra y quizás no comprendo.  
Las primeras gotas caen y yo, estremecida pero contenta, asumo que hoy no estoy para nadie. Se van dibujando ríos en mi espalda, desnuda, agua temblorosa que se desliza entre los huecos de mis escápulas. Acarician mis labios, me cierran los párpados. 
Déjame ser,  fundida en el gris del día, en el frío cortante del aire en mi pelo, en mis piernas, déjame ser en la soledad de este instante. 
Respirar. ¿Para qué más? 
Las nubes se alejan de este rincón, se van despacio. Me quedo a solas con este caos, con esta miseria que tanto amo, con este desastre que palpita.