09 enero, 2016

Noches

En honor a tu ausencia me paseo por el borde de los abismos. Y en honor a la mía, a mi propia alma vagabunda, me dejo ir en el vaivén del viento álgido y nocturno entre mi nuca y mi cara. 
Siempre te he buscado en los rincones más oscuros y recónditos de la conciencia. Incluso en el humo de este cigarro vislumbro tu sombra, hasta en este frío glaciar se dibujan tus dedos sobre mis labios.
Tú,  interlocutor mayoremente callado de mis delirios, a quien siempre hablo cuando se me hace un nudo irrompible en la garganta, a quien siempre busco en la oscuridad, es a ti a quien derramo palabras que arden. Tú, inamovible en la punta de mi lengua -en el vértice mismo de mis deseos-. Es tu presencia la que imploro, es tu susurro en el silencio doloroso. 
Tú, y a veces yo. A veces es sólo a mí a quien quiero al fondo de mi tristeza más profunda. Y aún así escucho tu nombre.
Clavado a fuego, en el débil -vano- titilar de las estrellas, de los faros de los coches al pasar por mi lado, en la belleza inherente a los ínfimos jadeos que se escapan cuando no queda aire, cuando no logra entrar. 

04 enero, 2016

Respirar.

Hoy es un día especial. Y todo porque tengo los labios quemados en vez de cortados, aunque sangrantes de igual manera al sonreír de medio lado. Veo los árboles balancearse, mecerse, estremecerse bajo un cielo negro que amenaza con una lluvia muy deseada, una  lluvia que espero desnuda en el balcón, liada en una cortina traslúcida, mientras mis labios, siempre extraños, rojos de pasión que palpita bajo la piel, permanecen sellados en el continuo murmullo del viento tratando de decirme algo, algo que ya sé de sobra y quizás no comprendo.  
Las primeras gotas caen y yo, estremecida pero contenta, asumo que hoy no estoy para nadie. Se van dibujando ríos en mi espalda, desnuda, agua temblorosa que se desliza entre los huecos de mis escápulas. Acarician mis labios, me cierran los párpados. 
Déjame ser,  fundida en el gris del día, en el frío cortante del aire en mi pelo, en mis piernas, déjame ser en la soledad de este instante. 
Respirar. ¿Para qué más? 
Las nubes se alejan de este rincón, se van despacio. Me quedo a solas con este caos, con esta miseria que tanto amo, con este desastre que palpita.