25 abril, 2013

TELL ME I'M YOUR NATIONAL ANTHEM.


'Nunca aprendí a diferenciar tus labios de una taza de té hirviendo, ni de icebergs en mitad del Atlántico, y así estoy, que me toca estrellarme, ronronear como un gatito, arrastrarme hasta tus pies sin que nunca lo sepas, llorar por las esquinas cuando no miras... Crear un mundo de dolor a tus espaldas, donde el silencio es un grito y el espacio se construye a suspiros...' Eso me dijo poco antes de irse para siempre, ¿sabes? Y nunca supe si era mejor abrazarla o encadenarla, para que no fuera acariciando el lejano contorno de las nubes a cada paso. Nunca supe hacerle saber que el amor es un estado nocturno que pasa, que el amanecer se lo lleva, y que cuando trae el frío, el rocío, el mundo, las calles están ya puestas, y el cielo tirita, el amor debía irse. Nunca pude hacerle entender que estaba loca, que el amor no dura más de lo que duran las caricias en la madrugada. Ella siempre creyó que podía conquistar el mundo con sus dedos, y que el mundo era mi espalda... ¿Cómo podía hacerle entender que estaba loca? 
Y ahora suspiro, ¿sabes? Porque la echo de menos. Porque de día sabía ordenar mi caos a besos y por las noches ponerlo todo patas arriba con sus mordiscos. Y ahora ya no sé lo que es el amor, ni de qué sirve que pongan las calles todos los días religiosamente, si no la encontraré tratando de cazar nubes a mi lado, dándome lo que sólo descubrí que tenía cuando me lo arrancó. Cuando metió todo su mundo en la maleta y salió sin una lágrima, sin una palabra. Salió de mi vida y se llevó el sentido con ella, se llevó mi cordura atada a su locura... Y mira que intenté hacerle entender que el amor es una utopía. Ella me decía que lo teníamos todo, y cuando salió de la casa decidió llevárselo consigo, para dar luz en otra parte del universo. 
Ahora comprendo que el mundo no es el mundo, y que el amor es un ladrón excelente.
Vagar. Vagar es lo que me queda hasta que mi hastiado corazón decida que no soporta más este frío con sabor a derrota eterna. 

14 abril, 2013

Que antes de rendirnos fuimos eternos.

Cuerpos desnudos a la deriva, a la búsqueda de placer. Así es como María acabó llorando en silencio, con los ojos y los labios bien prietos, que ni el aire podía huir de entre sus labios. No fue de dolor, ni fue por el peso de las caricias que recibía en cada centímetro de su cuerpo. Quizás sí y no fue por delirio. María lloró sobre las sábanas mientras el gusto los corroía de pies a  cabeza, lloró porque sentía en el ambiente congelado de la habitación que no existía el tiempo. Habían detenido entre sus dedos, entrelazando sus piernas, sus deseos y sus miedos más recónditos, el ladrón más fugaz. En un instante de éxtasis habían logrado burlar a la realidad. El tiempo no existía. Y lloró dulce, levemente, mientras unos labios y unas manos ardiendo se encargaban de evaporar una a una todas las gotas de llanto sobre su rostro, para mezclarlas con el dulzón aroma que impregnaba todo el cuarto, pegado a los cristales de las ventanas, ese aroma en que se traduce el amor cuando lo puede todo. El amor convertido en noches en vela, en colchones cómplices y un espacio separado del resto de dimensiones. El amor cuando se metamorfosea en un universo aparte. Y María lloró, se extasió y se espantó por haber detenido el tiempo.